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Contagiar el gusto por leer, tarea de padres y maestros

Mariela Rosero

A los padres hay que enviarles de “tarea”, un momento de lectura diaria con sus hijos. Eso sugiere Mónica Varea, propietaria de la Librería Rayuela y reconocida escritora de textos para niños. En los planteles también –comenta- se debería motivar a los chicos, para que aprendan a contar sus propias historias, a reírse de sí mismos, a compartir, a respetar y a tolerar a través de las historias de vida.

Ecuador aún no es un país ubicado por sobre la media regional en las evaluaciones de lectura. Eso se observa en los resultados del Terce, de Unesco. Es un estudio de logros de aprendizaje aplicado en el 2013, en el que participaron 15 países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay. En tercer grado, Ecuador aparece igual que la media regional, en lectura. En sexto, por debajo.

En el país, aún circula la cifra de que el ecuatoriano promedio no lee ni un libro completo al año. ¿Cómo promover el apego a la lectura entre los más pequeños? Los padres pueden ayudar incluyendo textos en los regalos de cumpleaños y en Navidad. Eso anota la excatedrática de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Miriam Navarrete Carrera.

“La costumbre de leer a los hijos debe ser permanente, hacerse a diario, pero no a modo de imposición. Los padres deben estar apasionados por la lectura, de lo contrario no se puede contagiar algo que no se tiene".

Esta educadora recuerda que los niños leen en todas las áreas, hacerlo en casa ayudará a que tengan una mejor comprensión lectora, para que entiendan los ejercicios de matemáticas”.

Mónica Varea apunta que el marketing logra que a los niños les guste un determinado libro, por ejemplo los del Carro Rojo Mc Queen. “Eso es triste, en todo caso no se debe prohibir esas lecturas, pero sí dar mejores opciones. Hay que enseñarles a cuestionar, a preguntar, para formar lectores críticos”.

Ella recomienda llevar a los niños a las librerías o bibliotecas, para que escojan. Cuando era niña, las monjitas de su colegio las llevaban de observación, conocían la ciudad y sus espacios visitándolos. Sin pensarlo, ella recomienda a Roald Dahl (autor de cuentos británico, entre otros Charlie y la fábrica de chocolate; James y el melocotón gigante). Mis libros son amenos -señala- y los de María Fernanda Heredia “son lo máximo”.

En Rocotín, un centro para niños desde 1 año y dos meses hasta los 5 años, usan la pedagogía italiana Reggio Emilia. Esta se sustenta en el trabajo por talleres. Lo cuenta María Rosa Cornejo, quien aclara que no es lo mismo que trabajar por rincones. Los talleres son de observación, experimentación e intercambio de experiencias. Trabajan en grupos pequeños con un taller de lectura. Las maestras les leen cuentos, en teatros de luz y sombra, arman la continuación de una historia, no son historias grandes. Los niños luego dibujan su percepción de la historia. Eso se hace con quienes tienen desde 3 años y medio.

En planteles educativos como el Saint Patrick, Ludoteca, William Shakespeare y SEK tienen propuestas creativas: ‘camping’ de libros, dramatizaciones, escritores invitados a las aulas, etc.